Por las calles de Cuenca (II)

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Cuenca abstracta, pura, de color de plata,
de gentiles piedras, hecha de hallazgos
y de olvidos como el mismo amor,
cubista y medieval, elegante, desgarrada, fiera,
tiernísima como una loba parida, colgada y abierta;
Cuenca, luminosa, alada, airada, serena y enloquecida,
infinita, igual, obsesionante, hidalga; vieja Cuenca

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. Camilo José Cela
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Guazalamanco: modus operandi

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Me pregunta Juanjo en su comentario del Guazalamanco, sobre la técnica que he empleado en las fotos de esta entrada (aprovecho para agradecerle su visita).
Partiendo de que sigo siendo tan novato como el día en que empecé en este blog (de ahí el título) voy a tratar de explicarme:
Conseguir el efecto sedoso del agua es cuestión de incrementar el tiempo de exposición de la toma, o como él mismo supone, usar una velocidad lenta de obturación, que para el caso es lo mismo. La mayoría de mis fotos están hechas a velocidades de un segundo, suficiente en esta ocasión para conseguir ese efecto en el agua.
Para esa velocidad (no hay pulso que la aguante, al menos el mio) necesitas el apoyo de un trípode como es mi caso. Si no lo tienes, cualquier soporte sobre el que colocar la cámara puede servirte para salir del paso. A esto hay que añadirle que usé el temporizador de disparo de la cámara (el sencillo gesto de apretar el disparador puede resultar en una foto movida) o bien un disparador remoto o por cable (en las reflex hay quien riza el rizo incluso bloqueando el espejo).

Con esa velocidad tan lenta, el sensor de la cámara captará mucha luz y acabará por quemar la foto, ¿soluciones?:
-Aprovechar las horas del día menos luminosas (amanecer o atardecer, según lo madrugador que seas) o elegir un día nublado como hice yo.
-Diafragmar (cerrar) al máximo de lo que dé tu cámara/objetivo, o lo que es lo mismo poner un número F lo más alto que te permita (F22 en mi caso).

En ocasiones, con todo esto, aún nos quedará la foto sobreexpuesta/quemada (el agua tiene la 'mala costumbre' de reflejar sobremanera la luz ambiente igual que un espejo), soluciones:
-En mi caso utilicé un filtro polarizador. Éste resta una buena cantidad de luz y en determinados casos reflejos indeseados en el agua.
- Lo mejor sin duda, si lo tienes, claro, es el uso de un filtro degradado. Su opacidad (según su grado) resta tanta luz como queramos, solucionando el problema de un plumazo.

Es resto es un poco de suerte y paciencia. Hacer varias tomas, variando el tiempo de exposición. La ventaja de las digitales es que no usan carrete.

Mejores técnicas las hay, pero para empezar...

Arroyo de Guazalamanco

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Enclavado en pleno corazón de la sierra del Pozo (Jaén) y con este nombre tan peculiar como desconocida su etimología por mí (posiblemente derivado del árabe) , se halla este singular paraje colindante con el vecino Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas.
Afluente del Guadalentín, al que une sus aguas junto a la cola del Embalse de la Bolera constituye un rincón privilegiado en cuanto a representación vegetal se refiere.
El recogido valle que delimita este arroyo desde su nacimiento en la Cerrá de la Nava, en la falda noroeste del Cabañas (2026 mts.) presente un caudal oscilante según la estación del año y las esporádicas precipitaciones recoge un amplio abanico de la flora del lugar.
Un bello rincón por tanto, algo apartado y desconocido en comparación con el masificado valle del Guadalquivir, y lugar idóneo en el cual fundirse en pleno contacto con la naturaleza.
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La ciudad encantada (I)

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En pleno corazón de la sierra de Cuenca encontramos este paraje natural tan singular, declarado Sitio Natural de Interés Nacional en 1929.
Formado desde la era secundaria a partir de la progresiva acción erosiva del agua, viento y hielo sobre la roca caliza.
El terreno compactado por una capa caliza superior y otra inferior de margas, más erosionables, han dado en formar monolitos más dimensionados en su parte superior que en su base, llegando en ocasiones a forjar conjuntos pétreos que rozan lo inverosímil en cómo mantienen la verticalidad.
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Un rayo de luz: dos instantes

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Miradores de Revilla

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El último valle pirenaico de mi recorrido, será y lo fue el del río Cinca, el más central de la extensa cordillera pirenaica.
El valle central que recorre el Cinca, desde Ainsa, donde confluye con el rio Ara, hasta Bielsa, presenta innumerables valles laterales a cual más paisajístico y en los que merece la pena perderse durante horas. No en vano bordea al noroeste el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y al noreste el macizo de Posets-Maladeta.

De la margen orográfica izquierda del río, trataré en próximas entradas de mostrar imágenes del Cañón de Añisclo, Tella y sus ermitas, los Miradores de Revilla. De su margen derecha, y del precioso valle lateral de Chistau, el ibón de la Basa de la Mora, en San Juan de Plan. Todo ello no supone más que un pequeño acercamiento a este grandioso valle, del que conocí una ínfima parte de su belleza y del que guardo la esperanza y la ilusión de volver algún día.

Retornando a la entrada de hoy, los Miradores de Revilla, suponen un mágico rincón al que se accede por una pista un tanto rota que se interna en el valle del Yaga y tras pasar por pequeñas aldeas, se llega hasta la aldea abandonada de Revilla. Desde aquí en un corto y ameno paseo se alcanzan la zona de los miradores. Las vistas son majestuosas sobre los profundos barrancos del Angonés y Concusa excavados por la erosión del río, que a principios del siglo XX hizo exclamar al pirineista Lucient Briet. “al ver la garganta de Escuain, se contempla una rotura prodigiosa, obra de un cataclismo de los tiempos del Génesis, que hiende la meseta a manera de los fiordos de Noruega”.






Aguardando la tarde

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Uno de esos anodinos días en que solo buscas un rato de sosiego y calma, y ver trascurrir el tiempo mientras contemplas la serenidad que aportan nuestros campos.


EL ALTO GÁLLEGO

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Continuando mi periplo por los Pirineos, una vez visitados los valles de Ansó, Hecho y Aragón, y siguiendo la orientación de oeste a este, llega el turno al Valle de Tena.
El Valle de Tena junto al Serrablo conforman la comarca del Alto Gállego, y comprenden las tierras que se extienden desde Sabiñánigo hasta la frontera francesa del Portalet.



Este valle de variopintos rincones conjuga cultura y naturaleza, desde la Ruta del Serrablo con su abanico de iglesias románicas diseminadas en el fondo del valle, hasta la posibilidad de excursiones por las altas cumbres.
Hoy me circunscribo a una reseña de la cabecera del valle, delimitado su entorno por los impresionantes macizos de Telera y Tendeñera, una suerte de pueblos se desparraman a orillas del pantano de Bubal que refleja en sus remansadas aguuas una agitada vica vacacional: Tramacastilla de Tena, El Pueyo de Jaca, Panticosa, Lanuza, Formigal, Sallent de Gállego, conforman el mosaico variopinto de sus pobladores.





Por las calles de Cuenca (I)

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"Cuenca, en volandas de celestes prados
de peldaño en peldaño fugitiva.
Gallarda entraña de cristal que azores
en piedra guardan, mientras plisa el viento
de tu chopo el audaz escalofrío.
¡Cuenca, cristalizada en mis amores!
Hilván dorado al aire del lamento.
Cuenca, cierta y soñada, en cielo y río."

FEDERICO MUELAS(1910-1974)
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LOS IBONES DE ASTUN

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Dejando atrás el entorno de Canfranc y ya en la cabecera del valle podemos disfrutar de varias rutas de montaña de diversa dificultad con que aderezar el día en pleno contacto con la naturaleza. La que yo contemplo discurre por el valle lateral de Astún y el ascenso a sus ibones. Ibón, en aragonés, es la denominación de lago de montaña.


Partiendo desde las instalaciones de la estación de esquí ascenderemos hasta las cumbres que cierran el valle. La subida no es demasiado exigente a pesar de sus 500 mts de desnivel y se hace por una amplia pista, o bien, para los más flojos (me incluyo entre ellos, aunque me cueste reconocerlo) puedes subir cómodamente en el telesilla de la estación que te deja en pocos minutos al pie mismo del primero de los ibones, el de las Truchas o Astún. Desde este punto, lo más habitual es acercarse al otro ibón, el de Escalar, más grande y bello, situado a corta distancia.

El siguiente paso de mi ruta fue subir al cercano collado de Les Moines, aquí junto al hito que delimita la frontera francesa la vista es amplia y majestuosa. Cumbres aéreas a uno y otro lado, presididas al norte por el majestuoso y omnipresente Midi D’ossau con sus 2884m.

Precioso lugar en el que tras un breve reposo acompañado por el estridente chillido de una cercana marmota, admirando tanta belleza mientras planeaba hacia donde dirigir mis pasos, las benditas nubes de todos los días me rodearon en pocos minutos por todos los costados echando por tierra mis aspiraciones y obligándome a retroceder sobre mis pasos.

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