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CAÑON DEL AÑISCLO (II)

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Por el Valle del río Cinca, uno de esos rincones que ningún visitante debe perderse es el Cañón de Añisclo (Carolina, ahora creo que está la ele, échale un vistazo jeje) eso siempre que consigamos mantener los últimos alimentos ingeridos en su lugar apropiado, el estómago, pues para acceder al inicio de la ruta, tanto por Fanlo como por Escalona, no nos salvamos de una carreterita que nada tiene que envidiar a la más retorcida de las serpientes que hayamos visto.
Ciñiéndonos a lo que importa, la ruta tiene su comienzo a la altura de la ermita de San Urbez, bajo los imponentes tajos de Mondoto y Los Sestrales.
La senda que discurre aguas arriba paralela a la orilla, no presenta mayor dificultad, y siempre iremos acompañados por una tupida vegetación fruto de la humedad del cáuce que da cobijo a una extensa variedad de tilos, arces y hayas.
En suma, un lugar inolvidable, de fácil caminar, si podeis disfrutar de un día más o menos soleado





Tella, el balcón del pirineo

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Como ultimamente no hay modo de poder disfrutar un fin de semana de campo y cámara al cuello (que ya ni me acuerdo como era eso) que con el invierno que llevamos a lo más que da es para levantarnos de la chimenea para mirar por la ventana a ver si sigue lloviendo, nevando, o haciendo un frío de perros, pues no queda más remedio que revolver el baúl fotográfico.
Retomo pues la entrada de Tella: la ruta de las ermitas que complemento con otras vistas mas desde sus cumbres.



Ibón de la Basa de la Mora (II)

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Cuenta la leyenda que en la antigüedad en los tiempos de continuas guerras entre cristianos y moros, una bella princesa mora huyendo de uno de estos combates se perdió en el Valle de Chistau y acabó muriendo en ese paraje. Desde entonces, su espíritu vaga errante por entre sus cumbres y bosques.

Dice también la leyenda que si se accede al Ibón (lago) en la noche de San Juan, todo aquel que lo haga limpio de corazón y sin pecado, puede ver surgir del fondo de sus aguas a la bella princesa, ricamente engalanada, bailando sobre las aguas del Ibón.

"...Pero sólo los que tienen unos ojos y un corazón puros pueden ver a la Princesa Mora de las cumbres, sólo quienes tienen la mirada limpia pueden llegar a ver toda la belleza que el ibón esconde..."

Y de esta manera apostillan las ancianas del lugar en su sabiduría popular "Si es que subes alguna mañana de San Juan al ibón, y no la vieses, habrás de pensar en lavarte el alma... Solo los ojos limpios pueden ve a la princesa mora de las cumbres"

Y eso debió pasar aquel día que subí yo y no pude verla. Aún sigo preguntándome si se debió a que era agosto, a que no me lavé en sus aguas, o quien sabe si la bella princesa no se había largado ya con un apuesto príncipe, vete a saber.



Ibón de la Basa de la Mora (I)

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Saravillo / Punta Eslitas (2623m)




Mirando atrás y añorando el calor del pasado verano, ahora, encerrados en el frigorífico estaríamos más calentitos que en plena calle, retomo otra de las rutas del pirineo aragonés la ascensión al Ibón de la Basa de la Mora.


Si subimos por el Valle del Cinca, una vez a la altura de Bielsa, hay que desviarse a la derecha en dirección al Valle de Chistau paralelo al río Cinqueta. Existen dos posible vías de acceso al Ibón, bien desde el pueblo de San Juan de Plan (célebre por la primera caravana de mujeres para emparejar a sus mozos solteros) o acortando por una pista junto al vecino pueblo de Saravillo. Tanto si elegimos una como la otra, a la par que remontamos en altura la visión que se nos abre a la majestuosidad de las cumbres que lo circundan irá en aumento.


El Ibón de la Basa de la Mora, está enclavado en el Macizo de Cotiella (2912m) en un paisaje descarnado, agreste, que representa los mayores desniveles del Pirineo, al oeste, en la otra orilla del Cinca, los parajes que os mostré de Tella y Revilla.




Ibón de la Basa de la Mora
Peña del Mediodía (2468m) / Peña de las Once (2658m)

Tella: La ruta de las ermitas

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Ascendiendo el río Cinca una vez pasado el Desfiladero de las Devotas (nombre que proviene de unas religiosas que perecieron intentando vadear el río) y a través de una carretera que asciende por una empinada ladera junto a la desembocadura del rió Yaga,accedemos a este recoleto y atractivo rincón.
Tella es una diminuta localidad de tan solo 36 habitantes y con una calle única (difícil perderse por el pueblo). Las vistas de toda la cabecera del Valle del Cinca son sencillamente esplendidas.
Su atractivo principal, amén del paisajístico, es la ruta conocida como de las ermitas. Una sucesión de templos románicos en un ameno paseo circular en tan bello rincón de la naturaleza. La primera de ellas es la ermita de los Santos Juan y Pablo que data del año 1019 y se erige a los pies de la Peña de San Juan o Puntón de las Brujas (estos parajes acogen una extensa tradición brujeril y de leyendas). Desde aquí las vistas al valle y a las gargantas de Escuaín y Revilla son imponentes.
La ruta continúa con las ermitas de la Virgen de la Peña y la Virgen de Fajanilla, algo posteriores en el tiempo y se completa con la Iglesia de San Martín ya en el propio pueblo.
A las afueras del pueblo y completando su patrimonio histórico se encuentra un dolmen prehistórico en buen estado de conservación.








Miradores de Revilla

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El último valle pirenaico de mi recorrido, será y lo fue el del río Cinca, el más central de la extensa cordillera pirenaica.
El valle central que recorre el Cinca, desde Ainsa, donde confluye con el rio Ara, hasta Bielsa, presenta innumerables valles laterales a cual más paisajístico y en los que merece la pena perderse durante horas. No en vano bordea al noroeste el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y al noreste el macizo de Posets-Maladeta.

De la margen orográfica izquierda del río, trataré en próximas entradas de mostrar imágenes del Cañón de Añisclo, Tella y sus ermitas, los Miradores de Revilla. De su margen derecha, y del precioso valle lateral de Chistau, el ibón de la Basa de la Mora, en San Juan de Plan. Todo ello no supone más que un pequeño acercamiento a este grandioso valle, del que conocí una ínfima parte de su belleza y del que guardo la esperanza y la ilusión de volver algún día.

Retornando a la entrada de hoy, los Miradores de Revilla, suponen un mágico rincón al que se accede por una pista un tanto rota que se interna en el valle del Yaga y tras pasar por pequeñas aldeas, se llega hasta la aldea abandonada de Revilla. Desde aquí en un corto y ameno paseo se alcanzan la zona de los miradores. Las vistas son majestuosas sobre los profundos barrancos del Angonés y Concusa excavados por la erosión del río, que a principios del siglo XX hizo exclamar al pirineista Lucient Briet. “al ver la garganta de Escuain, se contempla una rotura prodigiosa, obra de un cataclismo de los tiempos del Génesis, que hiende la meseta a manera de los fiordos de Noruega”.






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