La pasada semana tenía prevista una ruta en pleno corazón del P.N. de Cazorla, para cuya aproximación necesitaba atravesar los Campos de Hernán Peréa.
Estos campos son una suerte de meseta que se extiende paralela a la Sierra de Castril y a la Cordillera de las Banderillas. Con una altitud media que ronda los 1700m de altitud es una vasta planicie desangelada, sin árboles y escasa vegetación; el reino del piorno, planta de escasa altura y compuesta exclusivamente por espinas (vulgarmente se le conoce como cojín de monja, ingenioso el que le puso nombre). Desprotegida de montañas cercanas y expuesta al viento y las heladas, presenta algunas zonas de cultivo cerealista, siendo en su mayor parte suelo rocoso y yermo.
El caso es que llegados a este punto, ví que aún persistían algunos neveros de cierto porte (algunos rondaban los 3 metros de altura) y con la mosca detrás de la oreja avanzaba el camino hasta que en un cambio de sentido me topé de lleno con uno que atravesaba de lado a lado del camino haciendo imposible el continuar.Así que tras las fotos de rigor, rápidas pues el frio viento refrescaba las ideas, no hubo más que dar media vuelta y desandar el camino.
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